viernes, 3 de junio de 2011

La fidelidad se mantiene

Bien dicen que la ociosidad es madre de todos los vicios y en este sentido, la Comisión de Administración y Procuración de Justicia de la Asamblea Local del DF se llevó la palma. En vista de que no hay necesidad de crear iniciativas útiles-cometido primordial de estos sesudos representantes de los tenóchcas-, determinaron aprobar una que castiga con la pérdida de la herencia al cónyuge -¡me imagino que sobreviviente!-, que haya sido infiel. ¿Qué demontres quisieron decir con semejante perogrullada?

Pues que frente a la “puesta de cuernos” y a la hora en la que el o la agraviada se vayan al otro mundo, así le hubieran dejado los pocos o muchos haberes al culpable de sus males, a éste se le retirarían. El creador de esta estulticia fue un diputado panista, Rafael Medina Pederzini, quien en un ataque de torquemadismo inventó equiparar la infidelidad con el daño moral y así, sancionar en vida al quebrantador de la norma conyugal. Declaró que lo hizo debido a las reformas del 2008, por las que el adulterio dejó de ser causal de divorcio y éste no podía quedarse sin castigo (¡Dioses, los enanos terrenales quieren emularlos!). Para fortuna de un 45 % de mujeres y un 55% de hombres, que alguna vez han caído en pecado, la presidenta de la Asamblea, Alejandra Barrales, frenó el asunto y aseguró que no se incluirá en el periodo extraordinario. ¿Sabría además el tal Medina que probar el adulterio resultaba peor que tarea de romanos y era por lo tanto inútil para obtener el divorcio? Lo increíble fue la aprobación por unanimidad de los integrantes de la comisión: Julio César Moreno, Lizbeth Rosas, David Razú y Alejandro López Villanueva del PR; Carlo Fabián Pizano del PAN y Raúl Nava del Verde Ecologista. La incongruencia de estos seudos legisladores es inaudita.

Se colocan de “moralistas” quienes dijeron sí al divorcio exprés, en detrimento y minusvalía del contrato matrimonial. Si puedo mandar a freír espárragos a la madre de mis hijos, por una galana 10 años más joven, curvilínea y con todo en su lugar, para luego es tarde. Una ley que colocó en enorme desventaja al más débil, la que en general suele ser la mujer y que transformó lo que debería ser un compromiso auténtico, en una vacilada copia Las Vegas –me caso y me descaso, a la hora que se me venga en gana.

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